Salir con mujeres de Jamaica

Sobre la chilenidad. Cualquier crítica o comentario son bienvenidos para mejorar

2020.09.19 03:37 Hykewoofer Sobre la chilenidad. Cualquier crítica o comentario son bienvenidos para mejorar

Siglo XIX, comienza una ola de independencias de las coronas europeas en el continente americano, con la de Estados Unidos en 1783 como la pólvora que inicia este estallido. En el caso de nuestro país, el 18 de septiembre de 1810 se gesta la idea de que debemos separarnos de la corona española porque sinceramente ya a nadie le importaba, ya perdió relevancia y lo único que hacía era cobrar impuestos a la gente que estaba al otro lado del mundo, además de que el rey Fernando VII estaba preso por Napoleón, así que el poder de la corona no regía, y se necesitaba buscar a un nuevo gobernador en el continente. Es ahí donde surge, ese día, esa idea. De 1810 a 1818 salen una montonera de guerras de que nos querían el poder mientras que otros también, unos quieres que se gobierne de la forma A mientras otros querían que se gobernara de la forma B. En ese período, Chile era prácticamente la zona centro-sur actual, de Valparaíso a el Maule, y el resto a nadie le importaba, o era un montón de bosques o eran cerros llenos de arena.
En ese siglo, esa zona que acabo de mencionar fue la importante que ayudó a configurar la chilenidad que, hasta el día de hoy, hemos heredado y se vio. Cuando uno habla del 18 de septiembre, lo primero que se nos viene a la mente son: huaso, rodeo, cueca, asado, empanada, pebre —salsa criolla si hablamos en términos latinoamericanos—, ensalada chilena —ensalada criolla si hablamos con el mismo término del pebre—, campo, vino, y una larga lista de cosas que no enumero acá antes de perder el hilo de lo que quiero decir. Cuando pensamos en las Fiestas Patrias pensamos en el campo, en el huaso o campesino, pensamos en esa zona en donde se gestó la primera imagen de la chilenidad en el siglo XIX, y aún la conservamos y conmemoramos, pero siento que hay algo incorrecto en la imagen de el huaso que nos imaginamos siempre.
Honestamente, me ha parecido raro últimamente pensar en el huaso, ese campesino que nos lo imaginamos como un temporero, tan bien arreglado y bien vestido, la ropa limpia y con tiempo libre para andar en caballo y andar en la medialuna después de un largo día de andar recogiendo uvas o qué sé yo. Es hasta contradictorio pensar en un temporero que está vestido casi de terno, en pleno siglo XIX, con tiempo de sobra para bailar con una mujer también bien arreglada, andar en caballo y cosas de ese tipo. Probablemente a los campesinos o temporeros los mandaban a encerrarse y ellos hacían otro tipo de actividades en su tiempo libre. Esos campesinos me los imagino más como estos huasitos que salen en un programa de no sé qué de los días sábado o domingo, esos que siempre son programas como culturales y se van a la misma zona centro-sur a recorrer pueblos chicos y restaurants para promocionarlos y cosas así. Y ahí me sale este pensamiento que lo tengo como del año pasado o antepasado: cuando vemos el huaso ese vestido tan fino y con tiempo libre para salir a caballo a pasear o a la medialuna, en su tiempo de ocio, no es el huaso sino el patrón del fundo en donde están esos huasos-temporeros de los que hablo. La imagen de el huaso que hemos heredado a lo largo de dos siglos es el patrón de un fundo de la zona centro-sur de Chile. Hasta el día de hoy persiste ese ideal de que el huaso es ese campesino tan bien arreglado, limpio y pulcro, con harto tiempo libre para dedicarse al ocio.
Además, también de mi perspectiva, pensando en la independencia del país, es muy poco probable que al campesino ese de Talca o de Olmué lo hayan tomado en cuenta a la hora de conformarnos como república hace 202 años atrás, quienes conformaron el país, como en todo inicio de una república, eran los que tenían el poder político y económico, y evidentemente el huaso no iba a estar incluido ahí, a lo más lo tomaban en cuenta como ese ser exótico de la parte rural del país, que tenía ciertas diferencias con el campesino argentino —el gaucho— y que ayudaron a diferenciar la chilenidad de la argentinidad en ese aspecto, pero más que eso no.
Siglo XX, pasa un siglo de nuestra independencia y aún seguimos pegado en esa idea de chilenidad, lo mismo para el siglo XXI, según como se celebra cada 18 de septiembre. El imaginario de qué es lo chileno celebrado, siento, se quedó pegado en eso, en el huaso —aclaramos que hay probabilidades de que realmente es el patrón del fundo a lo El señor de La Querencia— de campo, de la zona centro-sur de Chile, algo muy del siglo XIX aún. ¿Es malo? Para nada, no es malo celebrar herencias de nuestra propia identidad, por muy antiguas que sean, pero lo malo es celebrar aquello y sólo aquello año tras año, sin abrir un poco más el espectro de la chilenidad.
Y vuelvo al siglo XIX y las independencias latinoamericanas para indagar un poco más en qué es nuestra identidad. Simón Bolívar decía en su Carta de Jamaica que nosotros “no somos indios ni europeos, sino una especie media entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles”. Somos una mezcla, somos mestizos culturalmente y racialmente, somos un dos en uno, una amalgama de cosas, somos españoles e indígenas por partes, todos, por eso somos tan iguales pero al mismo tiempo tan diferentes, y nos forzamos en el siglo XIX a diferenciarnos el uno del otro para decir que la República de Chile no es como la argentina, la peruana o la boliviana por este u otro motivo que nos identifica como tal, y en ello está el huaso y el campo, el paisaje nuestro.
Eso en su momento, han pasado décadas y siglos y seguimos pegados en la idea de que Chile y lo que se celebra de Chile es ese campo maulino, siendo que hay más paisajes que el de la zona centro-sur e incluso están las ciudades a lo largo del todo país. Nos encerramos tanto en esa idea de que la chilenidad es aquello, que dejamos lo que ha venido, con el pasar del tiempo, de lado. Si vemos Chile desde la perspectiva esa de la chilenidad según las Fiestas Patrias, no entraría lo indígena ni mucho menos la ciudad como parte de lo que nos identifica, ni hablar de la modernización. Un ejemplo de cómo se ha excluido lo que no calza con la chilenidad esa que ya he definido es la música.
Como ya sabemos, lo primero que se nos viene a la cabeza cuando vemos un choripán con pebre es “La consentida”, “Chicha de Curacaví”, “Mi banderita chilena” y otras cuecas que son bastante reconocidas por todos nosotros. Y sólo suena eso en las Fiestas Patrias, como si ese género musical tocado en 6/8 fuera la única música chilena y nada más, según la chilenidad. Ahí se me genera otro problema más por culpa de que nosotros hemos ligado lo chileno al siglo XIX del campo de la zona centro-sur y no hemos intentado ir más allá de ello. ¿Hay que dejar de lado la cueca? Para nada, hay que seguir recordándola porque es parte de nuestra identidad, pero ésta no es la única manifestación musical que nos identifica como chilenos, hay muchos más géneros musicales. Si discrimino desde un punto de vista de la chilenidad totalmente ortodoxo, ¿significa que Los Prisioneros no son música para las Fiestas Patrias porque son del siglo XX y de la ciudad? Qué pasa, por ejemplo, con All Tomorrows, ¿no pueden sonar durante del 18 de septiembre porque es death metal técnico cantado en inglés y no en español? Qué pasa con Illapu, ¿baneado totalmente de las Fiestas Patrias porque es muy indígena y poco criollo? ¿Tampoco puede sonar Tiro de Gracia porque, al ser rap, son muy agringados para celebrar lo chileno? Obvio que pueden sonar, es música chilena en el fondo, es parte de nuestra identidad. Como dije antes con Bolívar, somos una amalgama, una mezcla de esto y aquello, eso nos hace chilenos y eso hace nuestra chilenidad.
Cerrando todo este vómito mental reflexivo de las Fiestas Patrias, la chilenidad necesita actualizarse, pero ojo, no por actualizarse significa que debemos dejar a un lado lo antiguo, sino que ésta vaya acompañada con lo nuevo que va surgiendo a través del tiempo en el país porque, en el fondo, sigue siendo parte de nuestra identidad y de nuestras expresiones culturales como nación. Puede que el 18 de septiembre de 2021 haga un asado poniendo puro trap y no por ello mi celebración es una celebración menos chilena porque no calza con esa chilenidad decimonónica, lo mismo si pongo rock, cumbia, punk, salsa, bachata, metal o cualquier otro género musical hecho por músicos chilenos.
Hay que celebrar a Chile completo, todo, no sólo ese pedazo del espacio-tiempo del Chile cuando recién se conformó como república. La chilenidad se debe ampliar, no transformar.
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